miércoles, 17 de septiembre de 2014

Wild: Capitulo Dos

White Horse


Harry hizo una sonrisa torcida cuando la chica gritó al ver a un gran caballo andando hacia ella. Por un instante le pareció hasta tierna, pero recordó la infancia que había tenido por culpa de esa chica. Michael Well sonreía contento al ver a su hija de nuevo aunque ella tan solo le hubiese dado dos besos al verlo.
No se asuste, señorita – dijo Harry poniéndose atrás de ella –. No la hará nada.
- ¿Que no? – gritó Lauren chocando contra el pecho de Harry –. Tu dices esto porque estás acostumbrado a vivir en este mundo horrible. ¡Tan solo míralo! Me va ha matar.
- No lloriquees Lauren, no va ha hacerte nada. Es dócil, hija. ¿Te acuerdas de Miss?
Lauren asintió aún pegada al pecho de Harry. Estaba demasiado asustada como para darse cuenta de lo que pasaba en su alrededor, pero vagamente volvió atrás en el tiempo.
Se recordó a ella misma, con siete años, no más, abrazando fuertemente a una yegua blanca, su favorita, y llorando con desesperación. El animal estaba acostado mientras que la niña se agarraba a su cuello sin querer soltarla nunca.
- ¿Dónde está? – preguntó Lauren queriendo verla. Esa yegua lo había sido todo para ella, y dejarla fue de lo más duro que hizo nunca.
- No se encuentra en este estable ahora, cariño – dijo Michael. La chica hizo una mueca por como le había llamado su padre –. Está en el veterinario. Se hizo daño en una pata el otro día mientras Harry la montaba. Volverá en unos días.
- Pero yo quiero a Miss.
Te presento a Black – Michael se acercó con una sonrisa al caballo negro y le acarició la crina –. Es tuyo.
- Dos cosas. ¿En serio, Michael? ¿Black? ¿No había un nombre más obvio? – preguntó la chica apartándose de Harry. El chico tuvo un sentimiento de vacío que rápidamente apartó de su cabeza –. Segundo, no pienso quedarme eso. Es muy grande y se me ha olvidado montar.
- Harry, ¿podrías dejarnos un momento? – preguntó el padre de Lauren.
- Como desee señor – dijo bajando el gorro. Se giró hacía la chica –. Señorita.
El capataz se giró sobre sus talones y caminó hasta fuera de las caballerizas. A Harry le hubiese gustado estar allí, escuchar lo que tenía Michael que decirle a su odiosa hija, pero el era el jefe, y había echo mucho por él, así que tenía que obedecerlo.
Dentro, Lauren golpeaba el suelo con su pie derecho mientras esperaba que su padre le dijese algo. Él miraba a su hija con admiración. Es decir, la quería más que a nada, pero desgraciadamente no siempre se lo había demostrado. Tampoco había tenido oportunidad.
- ¿Y bien?
- Mira, Lauren, sé que no estás a gusto con esto. Hace años que no nos vemos y soy un extraño para ti pero principalmente soy tu padre. Y te conozco, así que por favor no te enfades – empezó Michael.
- Oh no, ¿que has hecho?
- Hija, no podrás volver a montar a Miss.
- ¿Que? ¿Porque? – preguntó ella en un susurro. Le dolía. Y mucho. Odiaba el campo, pero aquel caballo era la cosa más importante de su infancia.
Se recordaba a ella misma, hacía diez años. Recordaba la de veces que se había ido al establo a llorar, enfadada por las constantes peleas de sus padres, y que la única persona que había estado para ella había sido su caballo.
También recordaba a un chico. Mayor que ella, solo que no se acordaba cuantos años. Lo recordaba con el pelo negro, corto y delgado. Su mejor amigo. Aunque, después de subir al avión, no volvieron a verse nunca más.
Lauren, el caballo ya no es mío. Se lo di a Harry – contestó su padre.
La chica sintió como se empezaba a marear, y la sudor invadía su cuerpo. ¿Harry? ¿El capataz? No podía darle un caballo tan caro e importante a un simple capataz.
Michael estaba triste por la reacción de su hija. Sabía que ese caballo era más importante para ella que él mismo, pero Miss era una yegua indomable. Des del momento en el que Lauren partió a California, pataleó, hirió y dejó inconsciente a más de cuatro personas, y se escapó cada vez que tenía oportunidad. Nadie podía montarla, nadie podía tocarla. Hasta que cinco años más tarde, un chico llamado Harry Styles apareció en su granja, pidiendo trabajo. Michael le pidió un trabajo muy duro. Algo que le pedía a todos los que venían a pedir un trabajo a su granja. Tenían que conseguir tocar a Miss.
Cuando el joven Harry Styles consiguió tocar a la yegua sin ningún problema, Michael lo contrató enseguida. Había estado buscando alguien como él des de hacía cinco años, y hoy en día, aún no podía creer que un chico de quince años lograra lo que, ni él mismo, consiguió en su día. La manera en que Harry se hizo para conseguir poder tocar a Miss es un secreto que ni el propio Michael sabía.
- ¡¿Harry Styles?! ¿El capataz? ¡Papá como pudiste hacer eso! Harry no puede ocuparse de un caballo como Miss! Ella es de primera clase, y él estoy seguro que no distingue un vestido de Ralph Lauren entre uno de Dolce & Gabbana. ¡Es mi caballo! – gritó ella molesta.
- Escuchame, hija, sé que estás enfadada pero Black es hijo de Miss. Es un buen semental. Es perfecto para ti – dijo su padre intentando tranquilizarla.
- ¿Porque? – susurró Lauren –. Sabías que ese caballo ha sido lo más importante para mi, y lo primero que hiciste fue venderlo.
La chica salió corriendo de allí, buscando al chico que robó su caballo años atrás. Miró hacía arriba cuando vio que había empezado a llover. Y vaya lluvia, pensó ella. En California llovía poco, y hacía tiempo que Lauren no veía lluvia.
Localizó a Harry, quien parecía que cogía unos sacos y se acercó a él por detrás. Le dio un manotazo a su brazo haciendo que el saco cayese al suelo. El chico se giró enfadado, dispuesto a decirle algunas cosas a los hombres que habían hecho eso, cuando se encontró la cara de la hija de su jefe.
- Señorita, ¿que hace aquí?
- ¡Me cago en tus muertos! – gritó ella tirándose encima. Harry cayó al suelo, lleno de fango, con la hija de su jefe encima.
- Lauren, por favor... – intentó decir para que se quitase de encima.
- ¡Tu robaste mi caballo! ¡Te mato! – gritó ella.
Empezó a darle golpes al pecho de Harry, aunque este no sentía nada de daño. Él estaba seguro que si estuviesen en otra posición se habría reído, pero ahora estaba incómodo.
¿Que caballo? ¿Que dices?
Miss – dijo la chica –. Es mi yegua y la quiero de vuelta.
Harry sonrió, lo que hizo que Lauren le pegara de nuevo. Encima de que le robaba la yegua se cachondeaba en su cara. El chico movió su cabeza a modo negativo y Lauren le volvió a pegar en el hombro. Harry la apartó de encima suyo, haciendo que esta cayera en el fango, se manchara entera y soltara un grito que al capataz le pareció de lo más divertido.
Señorita, puede pedirme muchas cosas, pero esa yegua es única, y es mía. Su padre me la dio, así que no pienso devolvérsela – dijo volviendo a coger el saco –. Y ahora si no le importa, vaya a bañarse. Estoy seguro que no está acostumbrada a oler como los caballos.
Harry se giró y dejó a la hija del jefe a merced de la fuerte lluvia. Él no era así con las chicas, pero esa niña había arruinado su niñez.
El chico pensó en que tal vez no tendría que dejarla sola pero descartó esa idea al instante. Recordó la felicidad que tuvo cuando su madre, cocinera y ama de casa contratada por Michael, le dijo que la niña se marchaba. También recordó la tristeza cuando su padre le dijo que su madre había muerto y se lo llevó de la casa que había sido su vida durante trece años.
Dos años más tarde, con quince, convenció a su padre que su vida estaba en el nuevo rancho del señor Michael Well. Tan solo tuvo que tocar ese caballo que tantas veces había admirado para que lo contrataran. Su nuevo jefe parecía bastante impresionado por su logro, y Harry se dio cuenta de que Michael no se acordaba que él ya había vivido aquí antes, junto a su difunta madre y su padre, aunque tampoco se lo recordó.

Con diecisiete años, Michael le regaló la yegua a Harry, ya que él era el único al que Miss dejaba acercarse. Tiene un buen corazón, pensó Michael el día que decidió darle la yegua de su hija a Harry.

1 comentario:

  1. Me encanta. Suigue escribiendo que quiero seguir leyendo ya que es buenisima. Sigue así.

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